Si no te gusta la mierda, ¿por qué la compras? ¿Solo porque es más barata?

La cosa está muy chunga, es cierto. La gente no tiene dinero y la gente que sí lo tiene, no lo quiere gastar. “¡Es la llamada del ahorro!”, que diría Rizo.

Cierran negocios de calidad, donde se producen buenos productos o donde se prestan buenos servicios. Es difícil mantenerse en pie porque los ingresos no llegan y los impuestos no cesan. El agua, para un empresario individual con local tiene un coste fijo que te come, consumas agua o no, entren clientes o no entren. El precio de la luz sube, entren clientes o no entren, produzcas o no produzcas. El autónomo hay que pagarlo, entren clientes o no entren, produzcas o no produzcas. Y de repente, alguien dice: “¡Hay que ahorrar!”. Sí, un iluMinado (con M de ministro). Imagino que la tranquilidad de tener tu sueldo (se ríen del sueldo de Nescafé) y de saber que de tus actos no depende tu pan ni el de tu familia, te permite pensar con templanza y llegar a tan osada conclusión: “¡Hay que ahorrar!”. Y el empresario individual… ya prosperará. Y si no es él quien desarrolla una actividad, habrá otro que, con la misma ilusión que tuvo el primero en sus inicios, será capaz de intentar tan temeraria actividad.

Pero es que, además de todo esto, ves que otros siguen en pie. Y no por su calidad, pues son negocios que ofrecen productos o servicios sin ningún tipo de garantías, sin amor a lo que hacen y sin conocimientos sólidos sobre la materia que trabajan. Únicamente lo hacen, por la pasta, por llenar sus bolsillos acosta del consumidor ingenuo. “Qué más da lo que dé, si me pagan por ello”, reflexionan. Y tienen mucha razón, porque la gente está dispuesta a pagar por algo que no le convence ni satisface, solo porque es más barato. ¡Pues qué les aproveche! Pero que se atengan a las consecuencias.

Y mientras tanto se va labrando una futura sociedad semejante a un vertedero, donde unas personas (oportunistas profesionales) se dedicarán al comercio de la basura. ¿Y los buenos profesionales frustrados? Estarán ahí, habrán decidido opositar a la Administración, sentarse en una silla de 8 a 15h, entre 4 paredes color salmón, en el sótano de algún edificio público y trabajar al compás del pitido del marcador digital de los números. ¿Quién no se vuelve loco en esas condiciones? ¿Os extraña, entonces, que haya tanta alegría y buen rollo en la Administración? Y aquí no hablo de si son competentes o no en su trabajo, que habrá de todo, como en cualquier parte. Hablo de frustración y satisfacción profesional. Porque, al paso que vamos, trabajadores frustrados… habrá cada día más.

Así que nada, valorad lo que compráis, no el precio que tiene lo que os venden. Desconfiad de lo excesivamente caro, pero más aún de lo excesivamente barato. Si algo vale 10 y te lo venden por 2… ¿realmente te están dando lo mismo? ¿qué se esconde detrás de tan “buen” negocio? ¿sabes realmente qué estás adquiriendo?

En fin, cada uno es libre de hacer con su dinero lo que quiera, pero no deis alas a quien merezca estar bajo tierra. Porque quienes amamos lo que hacemos, tenemos derecho a ser valorados; tenemos derecho a vivir de lo que sabemos hacer y tenemos la obligación moral de denunciar aquello que no está bien. Yo no quiero ser funcionario administrativo, pero no me va a quedar otra que pensar en opositar…

Jordi Cahué

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